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Acoso a Libia: ¿Sentando un precedente contra Irán?

Escrito por: Cordura el 04 Mar 2011 – URL Permanente

Decíamos hace unos días que Irán puede ser uno de los objetivos de la parte conspirativa de las “revoluciones árabes”. Se trata de una ya vieja obsesión del Imperio y del influyente sionismo (en particular, del estado que encarna esta corriente). ¿Están encontrando en Libia una coartada contra Irán?

Al pueblo libio.

Lo que acontece estos últimos días confirma esas sospechas.

Antes de abordarlo, remarquemos que no nos mueve ninguna filia hacia Gadafi.

Y eso que es evidente que su maldad se exagera hasta lo grotesco. Ahora es a todas horas “el dictador” el mismo que hasta hace unas semanas era “el coronel” o “el líder libio”.

Se silencian los aspectos positivos de su régimen.

Se da por buena sistemáticamente la información que viene del bando opositor. En tiempo récord, escasas semanas, han logrado emponzoñar su imagen para siempre.

Todo vale con tal de derrocar al gobernante caído en desgracia (es un viejo guión, ya usado en su día contra Sadam y aún en vigor contra la república islámica iraní).

Sin embargo, nada de eso justifica ni su errática conducta pasada, ni los rasgos tiránicos ya exhibidos, ni la violenta represión que estaría aplicando actualmente.

Aunque de esta última seguimos sin saber mucho. Los medios masivos –suele ocurrir en estos casos– se comportan básicamente como medios de propaganda. Nos saturan con información sobre (contra) Libia mientras apenas mencionan Bahréin –aliado vital de Estados Unidos–, donde la mayoritaria oposición chiíta ya cuestiona la monarquía en vigor.

Con su incansable cantinela, mezclando sutilmente información y opinión, deciden por nosotros quién es el “malo” y quiénes los “buenos” (que incluirían, claro, a quienes apoyan a los opositores).

Mucho énfasis en los posibles crímenes de guerra, pero poca información directa.

Esto último lo ha reconocido el mismísimo Tribunal Penal Internacional, instrumento aquí de los planes imperiales.

Sobre los bombardeos aéreos de Gadafi, ayer mismo llegaba la “confirmación” de una parte demasiado interesada, el gobierno estadounidense.

Pero su portavoz se veía obligado a reconocer que no puede decir «si fueron usados contra los rebeldes» (resulta significativo que hable de “rebeldes” y no “civiles”, pero ni lo primero puede afirmarlo).

Sea como fuere, el juego va estando claro en sus distintas vertientes, que a grandes rasgos vienen a ser también etapas sucesivas del plan:

1. Se apoyan y promueven las revueltas contra el régimen.

2. Se usan los altavoces mediáticos para magnificar la maldad del dictador y anunciar las posibles medidas que se tomarán contra él.

3. Mientras arrecia la campaña propagandística –que ya se prolonga hasta el final–, los buques de guerra imperiales se plantan ante las costas libias en misión “humanitaria” (léase intimidatoria… y lo que venga).

4. Se recurre al Tribunal Penal Internacional (al que, por cierto, Estados Unidos niega jurisdicción sobre sus propios crímenes) con vistas a dictar una orden de arresto contra Gadafi. Se trata sobre todo de intimidarle. Pero es, insistamos en ello, muy llamativo que se abra un juicio al gobierno libio a la vez que el Tribunal, según El Mundo, “reconoce la falta de información de lo que pasa dentro de Libia”. Confirmando que todo esto no es más que una farsa “legitimadora”: el coronel y los suyos ya han sido condenados de antemano.

5. Si aun así no cae la manzana madura, se decreta una zona de exclusión aérea en ayuda de los rebeldes y demás civiles, lo que ya constituye una agresión bélica externa en toda regla.

Esto aún no se ha acordado, a pesar de ser evidente que los países dominantes están por la labor. Lo que pasa es que se vienen topando con cierta resistencia de los gobiernos ruso y chino, entre otros.

Todo lo cual no impide que ya soldados occidentales (al menos, de Reino Unido y Países Bajos) hayan entrado en Libia, acción que huele a primicias de una invasión inminente (¿nadie lo condena?).

Ni que el Nobel de la Paz Obama, arrogándose una autoridad moral que ni remotamente posee, eleve cada vez más el tono de sus amenazas.

Las grandes potencias capitalistas llevan años conspirando contra Irán.

Con la excusa ficticia de su programa nuclear bélico, han impuesto duras sanciones a ese país.

Sin embargo, quizá por lo poco creíble que pese a todo resulta el casus belli invocado, han avanzado poco en sus pretensiones de derribar el régimen de los ayatolás.

¿Será que al fin han encontrado la estrategia adecuada?

Se trataría, contagio mediante, de extrapolar las revueltas en el Magreb y Oriente Medio al territorio iraní.

Sin duda los señores del Imperio esperan que la atracción del ejemplo libio –una vez consumado– resulte irresistible a ojos del pueblo persa.

El resto sería (también) cosa suya: la demonización mediática (en realidad, ya lograda desde hace años), el acoso naval (casi otro tanto), la farsa de juicio internacional, y la invasión en “apoyo del pueblo”.

En este esquema el casus belli sería el mismo que el imputado a Gadafi: la violenta represión de su propio pueblo.

Pero con la ventaja de que con Irán podría invocarse el caso libio como precedente.

Libia tiene seis millones de habitantes, Irán setenta más.

Libia produce mucho petróleo, Irán más del doble.

Libia posee considerables reservas de crudo, Irán más del triple.

Y entretanto, aún está reciente la última (?) matanza de civiles por la OTAN en Afganistán.

Una masacre de nueve niños, hipócritamente lamentada por el emperador.

Los mismos que matan niños afganos, ¿van a pacificar Libia?

 

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